Ana tiene doce años y asiste a la misma clase que yo (primero de E.S.O.), de ahí el habernos conocido.
Una de las veces que nuestra tutora hizo cambios, coincidimos. En las primeras semanas apenas hablábamos, e incluso yo me atrevería a decir, que no era una de las chicas que mejor le caía; pero tal y como ella es, nunca me lo dijo y se dedicó a conocerme.
Ahora somos cómplices, no podemos vivir la una sin la otra.
Ella es alta, de constitución normal. Su pelo, ondulado como las olas del mar cuando se mecen movidas por una leve brisa, es castaño oscuro, abundante y fuerte. Acostumbra a llevarlo recogido en una coleta baja, nada llamativa, como ella misma.
La cara ovalada, de frente despejada, donde quedan dibujadas unas preciosas cejas y unos ojos color caramelo, adornados por unas finas pestañas, como si de una abanico abierto se tratase. Sus mejillas, cual rosas de abril, están separadas por una fina nariz. Los labios, más bien gruesos, contrastan con su redondeada barbilla, por su color carmesí. Las orejas solitarias, defienden su soledad, altaneras y orgullosas por no lucir arco iris de colores ni destellos del sol y la luna al brillar. Su piel, blanca nieve, aterciopelada y suave como la seda. Las manos, dormidas están y cuando despiertan, unos finos y delgados dedos de pianista dejan asomar.
Tiene una mirada serena y transparente, como las lágrimas de las nubes que al caer te acarician y refrescan la piel. Sincera, jamás te miente. De movimientos relajados, nada bruscos. Es tímida con los desconocidos.
Su semblante es serio; pero cuando la conoces, te das cuenta que nada tiene que ver con su personalidad, ya que es divertida, alegre, graciosa, simpática…, como un regalo que cuando te lo entregan, no adivinas que al abrirlo, tanto te sorprenderá.
También es generosa. Es difícil encontrar a personas como ella, siempre dispuesta a ayudar a los que la necesiten. No es nada curiosa, le gusta esperar a que la persona con la que habla se sienta lo suficiente cómoda como para contarle algo. Siempre que hace un comentario sobre cualquier aspecto en una conversación, éste es gracioso y no ofende a nadie. Una de las cosas que más me gusta de ella es esa facilidad que tiene para no atacar nunca a los demás, ni con la palabra ni con la fuerza.
Es una amiga estupenda, de las mejores que se puedan tener. Me alegro mucho de haberla conocido y casi me atrevo a asegurar que por mucho que pasen los años jamás la olvidaré.
¡Estoy muy orgullosa de tenerla como amiga!